El Gran Sueño de Konrad Koch, es la nueva producción cinematográfica del director Sebastian Grobel, bajo la cual introduce una mirada sobre los orígenes del fútbol en la Alemania Prusiana de Bismarck.
 
La obra presenta una cuidada textura de la sociedad alemana decimonónica, lo que se combina con una fotografía fina y sin exageraciones, que sirve como telón de fondo para una historia que combina relativamente bien la comedia con el suspenso.
 
En este sentido, como estudiante formado en historia me parece interesante centrar la discusión en algunas temáticas que roza el film, más que centrarnos en el fútbol mismo, cuya historia está bien trabajada y hay bastante información al respecto. Desde mí perspectiva el guión: que nos habla de la llegada de Konrad, un profesor alemán que pasa un tiempo en Inglaterra para aprender el inglés; sirve para contrastar y criticar a una Alemania tremendamente militarizada, estricta y fría.
 
Es bastante novedoso que el film, muestre algunos rasgos de la educación prusiana, cuyos lemas principales eran la obediencia, el castigo y la nación. Estos vectores guiaban la clase, en la cual el alumno no tenía derecho a voz, pues en su calidad de aprendiz,  sólo debía sentarse y observar pasivamente como el profesor les iba entregando los conocimientos mediantes trabajos repetitivos de memorización, tediosos y desmotivantes. En caso de la más mínima distracción, ahí estaba la vara o palo para golpear y rápidamente corregir la conducta. Todo este sistema educativo estaba en perfecta consonancia con los valores del ejército, lo que permite bosquejar que más que formar ciudadanos, el sistema educativo alemán pretendía formar soldados profundamente obedientes, estrictos y sin miedo a ejecutar. 
 
El mismo Konrad por momentos se sentía sorprendido por algunos rasgos de la educación que anulaba las capacidades de los alumnos y además marginaba, pese a algunas órdenes oficiales, a los niños provenientes de sectores vulnerables; los cuales eran considerados como inferiores y sin capacidades ni valores físicos y morales. El actualmente llamado bulling, corría soterradamente bajo la apariencia del orden, el cual servía para censurar, callar y molestar al alumno diferente, que no respondía los cánones físicos ni económicos impuestos por la aristocracia.

Así cuando Konrad intenta enseñar el futbol “amateur”, quizás aquel fútbol en su estado prístino, en el cual todos tenían derecho a jugarlo, que no hacía diferencias por nombre, estado o rasgos económicos, en el cual la solidaridad se imponía sobre la individualidad:  se enfrentó a la ardua oposición de una aristocracia que no quería la difusión de un deporte extranjero, comunitarista e igualitario. Es aquí cuando chocan dos concepciones educativas de individuo, una que busca la formación de un estudiante que sin perder su individualidad sea capaz de trabajar en alianza con otros integrantes, versus una concepción disciplinaria del estudiante que lo forma sólo en función de la Nación, siendo ésta la gran meta.  

Más allá del fútbol, el mensaje que entrega la película es lo peligroso que puede ser la educación cuando se anteponen valores de Nación por sobre la formación del sujeto como individuo con libertad para crear y asociarse.

Si en la Alemania Prusiana lo que se antepuso fue un exacerbado militarismo que arrastró a dos guerras mundiales, en mi país, Chile, lo que se está anteponiendo es la formación del consumidor, ya que Pinochet vendió la educación primaria y secundaria a cambio de unos sucios pesos que sólo han traído más desigualdades, empobrecimiento y precarización. En el día de hoy invito a cuestionarnos y ha preguntarnos acerca de qué tipo de ciudadano estamos formando. Es una pregunta que no reconoce límites, colores ni idiomas, pero qué es un deber plantearlas para que nuestro fin no sea servir como unas meras herramientas acríticas del  Estado.