Se ha cumplido un año desde que el primer caso de Covid positivo nos obligó a encerrarnos en nuestros hogares. Hace un año, al menos yo, estaba escéptica de las dimensiones de este virus, pero llegó rápido y se hizo real, las muertes sorprendieron a Chile y llegamos a liderar el ranking mundial de fallecidos por cada 100 mil habitantes.

FOTO: REUTERS

Después de un manejo errado del estallido social que declaraba una “guerra” bajo impunidad violenta (parecida a una dictadura); una pandemia cayó como anillo al dedo para encerrarnos y mantener un toque de queda poco útil para beneficios sanitarios, pero perfecto para el control social y con ella la debilitación de uno de sus mayores frentes; el desarrollo del arte y la cultura. Este aspecto fue fundamental en el despertar del país. Vimos y nos identificamos con los muros como lienzos, las comparsas alegres, las proyecciones lumínicas, el encuentro, las reuniones que nos permiten empatizar con un sentir colectivo, y esa unión, es la que a toda costa, han querido desaparecer.

El arte y la cultura son por esencia una forma de expresión colectiva, que necesita de los espacios públicos para crecer y manifestarse. “Ninguna sociedad puede sobrevivir sin cultura” afirmó la Unesco cuando implementó el concepto de economía naranja el 2013, que pretende poner la creatividad a favor de la sociedad, donde el valor de la transacción, está determinado por su contenido de propiedad intelectual, siendo un aporte cualitativo y valioso para los Estados, creando una identidad necesaria para el desarrollo del país, y con ello, de las personas. Pero el Estado chileno invierte apenas 0,4% de su presupuesto en cultura, muy lejos del 1% mínimo recomendado, sabiendo incluso que el sector aporta cerca de un 2,2% al PIB.

María Paz Morales ‘El despertar’, fotografía artística de la bailarina Catalina Duarte 

Invertir en cultura es una política ligada a todos los aspectos públicos, desde el Ministerio de Educación hasta el de Obras Públicas. Pero a 3 años de la creación del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, en medio de una pandemia mundial, la cabeza de la cartera opina lo contrario, manifestándolo con su lapidaria frase: “Un peso que se coloque en Cultura, es porque se deja de colocar en otro programa o necesidad de los ciudadanos” . Es decir, la cultura vista como otro bien de consumo, ignorando la capacidad transformadora, inclusiva y vinculante que tiene dentro de los territorios, pudiendo ser incluso un aporte para la crisis.

Desde un inicio, la pandemia ha tenido un manejo político que ha funcionado únicamente para controlar al país de ese enemigo que ellos mismos crearon, y el arte ha sido castigado desde todos los ámbitos con el cierre absoluto de espacios de encuentro dejando actores, músicos, agentes culturales y creadores sin alternativa ni ayuda, peor aún, debiendo competir con sus pares para recibir algún fondo como parte de la “ayuda del gobierno”. Y ya a mas de un año del estallido, ha sido evidente cómo buscan transformar el arte en ese enemigo poderoso, o ¿cómo entendemos la demanda al colectivo feminista Las Tesis, por crear una performance avalada a nivel mundia? O el hostigamiento a Mon Laferte, o la censura al colectivo artístico de las frases en la telefónica, Delight Lab.

Teatro del Puente está en campaña para no quebrar y  sumarse a Teatro Mori y Teatro San Ginés. Fotografía de Andrés Pérez

Hoy vemos cómo esta lógica del encierro les funciona para todo, y después que el Consejo de Monumentos Nacionales decidiera sacar la Estatua de Baquedano de la Plaza Dignidad, la imágen de un enorme cuadrado alrededor de un podio vacío, protegido por tanquetas y una decena de carabineros es el fiel reflejo de las políticas públicas implementadas en el país post estallido. Un muro para quienes quieren manifestarse, carabineros cuidando
una ideología militar que nos duele y no queremos. Quizás ahora podremos homenajear a nuestros verdaderos héroes, a quienes de verdad representan la identidad del país, entendiendo lo que significa ser chileno, es hora de homenajear a nuestros artistas, porque gracias a ellos hemos sobrevivido a esta cultura del encierro.