Los trabajadores de la cultura en Chile siempre han sabido de reinvenciones, de precariedades y de postulaciones a fondos. Si bien el estallido social llevó a cancelar eventos, obras y lanzamientos, el sector supo sobrevivir, la causa ameritaba alinearse a la lucha y reinventarse, pero llegó el Covid. 

Fotografía de Felipe Vergara. Día del Teatro 2018. Plaza Dignidad

Si tras octubre, los trabajadores culturales continuaban aportando a la visibilización y reflexión de demandas sociales; la lucha que se estaba dando, pese al hostigamiento y censuras, era necesaria y se podía, pero llegó el Coronavirus que cambió completamente el escenario. Al comienzo el panorama no se veía tan gris. Más aún, si tomamos en cuenta que en abril se anunció el bullado plan de emergencia para el sector con 15 mil millones destinados a la compra de derechos de autor; fomento a la producción, a la formación, y el apoyo a instituciones culturales. Se veía una posibilidad de fortalecer a los actores y gestores,  frente a un escenario pandémico que a esa fecha no dimensionamos, o más bien, no conocíamos en cifras reales.

Un mes y medio después, vemos cómo los diferentes sectores culturales se unen para visibilizar la tragedia que están viviendo. Sí, tragedia, así de real, porque con la inoperante, y a esta altura, criminal gestión de este gobierno, no queda otra que gritarle al mundo socorro.

Los trabajadores de la cultura han sido invisibilizados por la inseguridad, la incertidumbre y la falta de garantía para un sector que carece de todo tipo de protección social; la gran mayoría, que disponía de contratos a honorarios,  se han quedado sin sustento, y ya llevamos 3 meses de confinamiento.

En Mayo la AFUCAP (Asociación Nacional de Funcionarios y Funcionarias de las Culturas, las Artes y el Patrimonio) manifestó: “…tenemos preocupación por las dilatadas respuestas que entrega el gobierno, a través de las autoridades del Ministerio, a quienes son nuestras contrapartes y colaboran para que la comunidad haga ejercicio de sus derechos culturales que este ministerio debe garantizar”. Esto frente a otra lista de convocatorias para fondos, no aterriza acciones concretas, no entrega fechas claras, y la exigua ayuda se pretende dar recién en agosto.

Este universo de trabajadores se podrían identificar en 3 grupos: creadores, técnicos y gestores o intermediarios, quienes autogestionados han podido crear sindicatos y asociaciones para tener un grado de representatividad en las políticas públicas. Así, bajo el alero de las industrias creativas pudieron ser parte de las reglas del país, pero bajo condiciones irregulares e inestables, ya que sólo el 11,7% cuenta con contrato a plazo fijo o indefinido y un 88,3% boletea o no tiene contrato.

La cultura agoniza no por la falta de interés del público como han querido hacer creer, sino porque desde los inicios de la democracia estuvo mermada por el pensamiento económico, destinados a ingenieros y a postulaciones para poder sobrevivir del arte.

Incluso recordar que meses antes de la revuelta se había decretado la eliminación del ramo de Arte para la Enseñanza Media, evidenciando una lejanía absoluta de cómo se construyen las sociedades modernas, donde la cultura, las artes y el patrimonio son el eje principal de la identidad de un país.

Una industria importante para dar visibilización a la cultura es la TV, que por excelencia se define como un medio de comunicación masivo, que durante los noventa hizo un intento por crear contenido relevante y mostrar a la sociedad con sus diferentes matices.  Pero ya llegado el nuevo milenio, la TV de consumo peleaba por el rating, vendiendo su pantalla al mejor postor y pagando sueldos absurdos para mantener rostros taquilleros; o aún peor, comprando producciones internacionales baratas y rentables, sin pensar en un desarrollo de contenido propio y menos aún pagar por derechos de exhibición a tanto cine y serie chilena que ha tenido que buscar pantalla en fronteras ajenas.

Los artistas, técnicos y agentes culturales crean una imagen país que se inserta y perdura mucho más que cualquier otro marketing patriota superfluo. Quizás jamás hemos viajado a Perú, pero sin duda hemos probado y reconocemos su gastronomía o tal vez nunca hemos visitado Brasil pero coreamos su danza. Incluso conocemos culturas tan lejanas como la turca gracias a sus producciones audiovisuales, pero de nuestros propios artistas nos olvidamos, los reconocemos cuando triunfaron afuera, o peor aún se les chaquetea.

Después de 3 meses de encierro en los que seguimos pagando cuentas y mas de 7 mil muertos por Covid, frente a la falta de medidas concretas aún así hemos resistido gracias a un pueblo que ha sabido de resiliencia y autoayuda. Los artistas aún subsisten compartiendo sus conocimientos en algún live, dando charlas de capacitación para lograr el anhelado fondo, o simplemente regalándonos alguna creación virtual, mientras buscan alternativas diversas para la “parar la olla”. Ser artista en Chile significa resistir y hasta que la dignidad no sea costumbre, la resistencia será fuente de inspiración para miles de proyectos que esperamos vean la luz, nos hagan reflexionar y nos identifiquemos con el nuevo Chile que construiremos todos juntos.