Guillermo Del Toro, nos sorprende esta vez, con una extraña y preciosa fantasía romántica entre una desconocida criatura del mar y una tímida mujer muda, que logra trascender al limitado concepto de amor al que estamos acostumbrados, abriendo barreras impensadas, que logran calar en lo más profundo del espectador.

9 de febrero de 2018.

 

 

Antes de que sigas leyendo debo advertirte que este artículo contiene SPOILERS.

Este precioso filme nominado a varios premios de la academia, incluyendo los más importantes como: Mejor película, mejor dirección, mejor guion original, mejor actriz y mejor actor de reparto, es tan sorprendente como elegante y majestuoso,  donde podemos deleitarnos con el complejo imaginario de su guionista y director proveniente de México: Guillermo Del Toro.

La película está ambientada en la década de los 60,  tratada con una estética impecable que roza constantemente con lo fantástico y lo onírico, en donde una singular y extraordinaria criatura marina (una especie de mezcla entre anfibio y humano) es cautiva del gobierno, encerrada en un tanque de un laboratorio, donde es sometida a torturas y experimentos detestables por los agentes del gobierno a cargo del intrigante ser acuático, estas prácticas deleznables son realizadas especialmente por Strickland, un bruto, cruento y frío agente, interpretado por Michael Shannon, quien termina siendo el gran antagonista de la historia, con un personaje que a ratos raya en lo  caricaturesco, pero debido al carácter de cuento del filme, es algo que se puede pasar por alto, además de que el actor logra bastante bien su cometido de ser el clásico villano repudiable.  Logra con creces que lo odies.

 

Elisa, interpretada por una sólida Sally Hawkins, con una actuación que le valió una nominación a los premios Oscar, es  una mujer muda y solitaria, que trabaja en el equipo de aseo del edificio donde la criatura marina está encerrada. Elisa se ve inexplicablemente atraída a este ser. Tanto al nivel de obsesionarse con él y meterse a ocultas a su tanque, arriesgando su vida, para poder conocer más a esta criatura. Misión que logra y la lleva a niveles que no habríamos imaginado.

Elisa logra establecer una comunicación con el ser marino, a través de huevos duros, y en espacial con la música, se da cuenta que el ser la entiende, que tiene sentimientos y no dista mucho de ella. Sí, Elisa se enamora de esta criatura, al nivel idear un plan y ayudada por sus dos único amigos: su compañera de trabajo, Zelda, encarnada por Octavia Spencer y su vecino gay Giles, actuado por Richard Jenkins (Ambos nominados como mejores actores de reparto) para llevarla a su hogar y poder cuidarla, luego de enterarse que en el laboratorio habían decidido sacrificarla.

Una  vez en su hogar, Elisa le da guarida al extraño ser acuático, en su bañera, la cual llena de aguas y sales de mar para que el anfibio/humanoide pueda sobrevivir y recuperarse de sus lesiones y heridas. Acá es donde se genera una relación romántica que no sé cómo calificarla, va mucho más allá de lo interracial, entre Elisa y la criatura, llegando incluso a tener relaciones sexuales, acto que en el papel debiese ser perturbante y chocante, Guillermo Del Toro, lo logra plasmar con tanta clase y belleza, a nivel de guion y dirección, que lo muestra como algo puro y hermoso, que finalmente es lo que es, dos seres incompletos que se completan entre sí, es amor en su estado más natural y crudo.

 

 

La película está llena de giros y tiene puntos muy álgidos de suspenso, donde al final se llegan a enfrentar el ser anfibio contra Strickland, pero no ahondaré en ello para dejar la invitación hecha a todos, a ir a ver está maravillosa fantasía romántica de Guillermo.

A destacar también toda la poesía que logra con las imágenes el director mexicano y la banda sonora que acompaña y ayuda a crear las atmósferas perseguidas por Guillermo, compuesta por Alexander Desplat que también le significó una nominación a los premios de la academia. Es una película que no puedes darte el lujo de no ver, muy original, muy bien actuada, cautivante, intrigante y emocionante. Es básicamente, poesía constante en movimiento.