El arte ha sido siempre el reflejo de la sociedad, representando las  problemáticas que nos aquejan a diario, diagnosticando el malestar social. Es el arma creativa, activa y efectiva contra los poderes fácticos, es el contraataque que tenemos como sociedad o la crítica a la irracionalidad con que vivimos

Lunes 16 de diciembre de 2019

Fotografía de María Paz Morales

El arte nos hace reflexionar  sobre nuestros propios ideales, te enfrenta y logra crear un nexo colectivo que nos representa y nos permite concebir una satisfacción común.  Por un lado unifica la demanda y por otro provoca a los aludidos, incomoda, estremece, otorga un mensaje imposible de destruir, porque el arte no es lo concreto,  sino podría acabarse la idea, borrar lo material o morir el artista; pero la obra queda, penetra y se resignifica generacionalmente haciéndola inmortal.

 En Latinoamérica el arte sólo como expresión de la belleza duró poco, esta tierra plagada de injusticias sociales toma el arte como su escudo y arma ante los procesos políticos, creando una acción social que se aleja del “arte por el arte”, de hecho, la mayoría cuestiona la institución artística, que en su mayoría está controlada y limitada por el mismo poder.

Es así como los artistas latinos más consagrados no se ven en galerías o museos elitistas, los artistas que el pueblo reconoce son los que han sacado sus obras a los espacios públicos, que logrando introducir su arte en el imaginario colectivo de una sociedad.

Fotografía de la actriz Susana Hidalgo

El estallido social que vivimos desde el 18 de Octubre en Chile, despertó un país aletargado por años, un país cuya cultura se había transformado sin escrúpulos en una de consumo, de la mano de la privatización de derechos sociales, la competencia exitista y la segregación, hicieron que este país se construya en cimientos líquidos, adecuándose a la forma que nos obligan a tomar, fluyendo con límites y con un miedo constante a romper lo que nos han dicho que es lo correcto. En medio de esta sociedad que, una vez más, veía como se instauraba desde las raíces el desapego de la cultura apartando de la obligatoriedad para nuestros estudiantes los ramos de Historia, Artes y Ed. física, sentenciando a las nuevas generaciones a transformarse en un motor sin conciencia crítica y desmemoriada, y cuando nos habíamos acostumbrado a no ser escuchados, a normalizar las injusticias y la impunidad, aparecen los más desprotegidos y menos escuchados, pero que tenían el discurso más claro que todos, para decirnos fuerte y claro que no volverán a repetir la historia de sus padres, quienes aceptaban sin reproches las injusticias e impunidad impartida por los mismos a quienes ellos votaron, por que no quedaba de otra, por que el miedo les ganó.

En la época más oscura del país, donde la impunidad imperó uno de los gremios que más sufrió fueron los artistas, y a la vez los que lideraban las batallas. Un referente mundial del arte de resistencia fue el Colectivo de Acción De Arte (CADA, Chile 1979) quienes a través de la teatralidad, la poesía visual y la performance daban una lucha de conciencia que no se podía seguir callando, ya que los medios masivos estaban desvirtuando una realidad que aunque suene dramático, aún hoy en día hay quienes siguen negando. Una vez que terminaron esos dolorosos años, tristemente reflejado en un apagón cultural, adorando lo foráneo y mirando en menos lo local, empiezan a aparecer un arte reivindicador, consciente, que de a poco empezó a escribir nuevamente la historia a través de sus artistas. Recién hace 15 años atrás se estrenó la película “Machuca” (Andrés Wood, 2004) que habló de esos años, se apoderó de la taquilla nacional y reinterpretó a las clases sociales con la polémica frase: “Andate a tu población, rota de mierda” , frase que en el fondo sabíamos que no estaban extintas y en un Mall ABC1 capitalino volvieron a reflotar. Así también el himno de los estudiantes excluidos como “El Baile de los que Sobran” escrito en los 80’, pero tan actual que se ha transformado en un himno latino de lucha por una educación que dé oportunidades reales o como un sin número de artistas visuales, pintores, poetas que han usado los muros como lienzos de sus obras, que con gallardía cubren los aburridos concretos que inundan la ciudad.

Pero incluso cuando la belleza y el aporte cultural es evidente, nos seguimos topando con personas que sólo le dan valor al arte cuando este se puede comprar. Hoy la Plaza de la Dignidad está cubierta de arte social, que a través de la serigrafía, ampliaciones fotográficas, poesía y muros pintados dan forma a una estética de rebelión.

Pero faltaba lo más intrínseco, el llamado a la participación, el apoderarse del discurso y salir a gritarlo, así en medio de este estallido 4 mujeres porteñas nos enseñaron a construir activismo colectivo a través de su arte performático e ilustrado, nos reglaron la esperanza perdida callando a todos los medios de comunicación volcados a la violencia, nos unieron generacionalmente y nos enseñaron que no necesitamos más que nuestros cuerpos, mentes y voluntades para plasmar un mensaje poderoso, que a esta altura, ya se hizo eterno.