Hoy reseñaremos este clásico italiano del año 1997, co-escrito, dirigido y protagonizado por Roberto Benigni, el cual te hace transitar de la alegría a la angustia de manera tan intensa, que no extrañes si luego, sientes la necesidad de ir al psicólogo por bipolaridad. Aunque cuidado, todo puede ser sólo un mero engaño más.

Martes 30 de junio 2020

Ojo, si quieres seguir leyendo debes saber que haré SPOILERS y la vida no es bella cuando eso sucede.

Esta hermosa cinta ganadora de tres premios de la academia, ya nos propone una pequeña mentira “blanca” desde su título “La vida es bella” y claro que sí lo es, no voy a  transformarme en un emo para negar esa premisa, que además está muy bien defendida en el larguísimo primer acto del largometraje. Pero una vez que entramos al segundo acto, también podemos ver lo horrible que puede llegar a ser por culpa de la estupidez humana, en especial cuando se mezcla con un poco de poder. La historia nos relata las aventuras de Guido- papel que le significó el Oscar a mejor actor a Roberto, una muy difícil hazaña entendiendo que es una película de habla no inglesa- quien es un carismático y empeñoso charlatán, un listo estafador que no tiene reparos en mentir constantemente con tal de cumplir sus objetivos y salirse con la suya, lo que logrará basándose en su inmensa astucia y capacidad de transformar eventos reales en ficciones y defender estas mismas con un compromiso inconmensurable. El personaje persigue sus objetivos hasta alcanzarlos, sin medir consecuencias y eludiendo, casi siempre, el castigo por sus travesuras. Te fijaste que hice un leve hincapié en el casi, bueno, no fue al azar, lo hice porque cuando paga el precio por sus rebeldías, lo hace pagando con lo máximo que puede pagar un ser humano, pero después vamos a ir a eso, paciencia.

En el muy largo primer acto, como ya lo habíamos mencionado un poco más arriba, lo que hace esta historia de manera muy perspicaz es conquistarnos con Guido, enamorarnos de este pequeño y simpático rufián judío, con sus astutas artimañas y su ritmo de comedia italiana clásica, nos divierten cada una de sus hábiles mentiras y nos va enamorando de a poco con su sinvergüenzura, todo esto mientras también logra enamorar a su “Principessa”, Dora, encarnada por una sólida Nicoleta Braschi.

Toda esta parte del filme, está en clave de comedia con algunos que otros toques de romance, lo que eventualmente va a cambiar cuando Guido logré su primer objetivo, enamorar a Dora, luego de esto, vamos a ver otra película, lo substancial, lo que yo personalmente estaba buscando luego de una extensa y muy entretenida presentación de personaje. Inevitablemente me rememoró a Chaplin, el Chavo del ocho y a Cantinflas. Lo mejor de esta opuesta transición en el estilo del filme, es que, a pesar de lo brusco que puede resultar el cambio de estado anímico en el espectador (lo que es muy efectivo) es la inteligencia en el guion para realizar esto, ya que no es para nada gratuito. A lo largo de esta primera parte, además de dejarnos con la inequívoca sensación de que la vida es bella, en el guion notaremos constantes y sutiles guiños a la época en la que está situada la película.

Lo que en esta primera etapa parece sólo circunstancial y una oportunidad para hacer un par de chistes, en la segunda mitad se volverá fundamental. Están en plena Italia fascista y la Alemania nazi y Guido es judío, ahora saca tú las cuentas.

Segunda parte. Guido conquistó a Dora y aquí la historia tiene una enorme elipsis. Guido está casado con Dora y tienen un hijo y es acá donde queríamos llegar, el personaje ya cumplió un objetivo, al parecer ya no hay más que contar, pero este no era el objetivo importante del protagonista. La policía fascista o nazi, no lo recuerdo con exactitud, viene a buscar a Guido y su hijo, ambos judíos, para llevarlos en los famosos trenes de la época a un campo de concentración.

Se acabó la comedia y eso ya se siente en el cuerpo. El espectador sensible desde ya acusa el golpe y se prepara para el sufrimiento y el asco, todos sabemos las prácticas que tenían los nazis con la gente de ascendencia judía y si alguien no lo sabe, a estudiar un poco de historia, no puedo creer que hayan eliminado este ramo de la carga escolar, que vergüenza.

Retomemos, el personaje actuado por Roberto nunca pierde su intensidad, su ritmo de comedia, su hablar raudo e incesante y su picardía. Pero la atmosfera de la cinta ya es otra, es espesa y pesimista, aunque siguen existiendo momentos que nos dibujarán una sonrisa en el rostro o nos robarán una carcajada, pero la sensación de pesadumbre ya no la podemos quitar de nuestras almas. Acá el objetivo de Guido es transformar la injusta y terrible realidad que está viviendo su hijo, en un juego, en algo divertido para negarle el miedo y disfrazar el dolor de jolgorio, para que su pequeño hijo pueda vivir una divertida fantasía, en vez de un infierno repulsivo, que era lo que realmente estaba sucediendo. Guido fiel a su estilo logra salirse con la suya, logra sostener esta quimera creada para su hijo a toda costa y salvarle la vida, pero esta vez no saldrá gratis, conseguir con éxito está utópica empresa, Guido entrega su vida. Incluso en el momento en que ya sabía que no tenía chance alguna de sobrevivir y que iba a ser ejecutado, mantiene su benevolente mentira ante los ojos de su hijo y más encima con su entusiasmo característico. Un crack.

Guido muere siendo consecuente a Guido hasta el final, lo que se relata de la mejor manera posible. No muestran la muerte del protagonista, sólo la escuchamos en una escena que pasa rápido y casi sin importancia. El director no quiere por ningún segundo sacar partido de la escena triste, no quiere que el espectador se desvíe por ningún momento de lo que el pretende mostrar, tampoco quiere hacernos sufrir.

Nos tiene envueltos en su suave y sedoso manto de mentiras, lo importante no es su muerte, lo importante es que su hijo sobrevivió, que consiguió su gran objetivo, que la vida a pesar de todo lo malo que pueda existir, tiene la posibilidad de seguir siendo bella y si aún tenemos cine como este, claro que lo puede ser.  Roberto, te daré esta, la vida si puede ser bella, una vez más te saliste con la tuya.