Hace dos meses que no se puede dar nada por seguro. Ni planificar, ni comentar, ni escribir, ni leer. Mientras las prensas calientan mentiras en los diarios oficiales y las supuestas acusaciones y respuestas políticas no llegan, la calle sigue bullendo cada vez más violenta.

23 de diciembre de 2019

El movimiento a veces parece que decae, pero hasta ahora ha encontrado en el mismo oficialismo que pretende volver a la normalidad una bencina para rociar las barricadas. Entonces te das cuenta de que eso que creíste que avanzó, retrocedió mil pasos. Sin ir más lejos, hoy dos carros represores de los pacos le hicieron añicos la pelvis a un manifestante, lo aplastaron. Ni los dos millones de votos voluntarios sin convocatoria y el lapidario 92% de aprobación en el cambio de constitución logrará quitarnos esa imagen de la cabeza.

El intendente soltó a los perros. Los pacos andan brigidos y hay que temerles hasta que podamos ponerlos en su lugar de nuevo.

Y cuando la calle pasa, uno está ahí mismo; arrancamos, gritamos, duramos lo que podemos durar. ¿Alguien ha podido leer? ¿Alguien ha podido escribir?

En los primeros días del movimiento-estallido daban vueltas por La Tercera.cl unos intentos de ficciones que no fueron muy bien recibidos por los escritores fuera del “canon” oficialista. Solo los que escribieron para el diario y sus amigos quieren ser parte de eso. Todo lo oficial, por mucho que la prensa se disfrace de independiente, en estos momentos huele a cómplice del Estado psicópata.

Entonces ¿cómo vamos a recibir la producción cultural que nazca del movimiento-estallido? ¿Van renacer los discursos políticos en la poesía? ¿Las ficciones van a llevar escenas obligadas arrancando de los pacos o tirando piedras? ¿Cómo vamos a lograr que nuestra propia historia no se convierta en un cliché y nos lleve a más o menos reflexionar y procesar lo que nos pasó como sociedad? ¿Nos vamos a convertir en periodistas, cada uno desde su trinchera?

Mientras las cosas sigan en este estado gaseoso cualquier aseveración va a ser muy irresponsable y creo que ya nadie está para eso. Lo que sí es seguro es que lo que está naciendo y muriendo todos los días no necesita portavoces.

Las mujeres no necesitamos portavoces ¡ya no más! Las personas heridas no necesitan representantes, menos Gustavo, Fabiola y Nabila, todos abandonados por el Estado que prometió protegerlos. El sentimiento de justicia tiene sus propios representantes en la calle, mucho mejores que los propios políticos de oposición.

Si algo queda desear de todo esto, es que quienes hablen lo hagan desde su propia voz y no por otros. Antes de hablar de un somos, ese somos tiene que definirse y estoy segura que será desde una diversidad y un respeto que no estamos acostumbrados a vivir. El proceso va a ser largo y tedioso, pero mientras estemos con la mierda hasta la nariz habrá que vivirlo de la mejor manera posible.

Mientras, el que pueda leer, que lea, el que puede escribir, que escriba. Tendremos tiempo de analizar en qué se convierte nuestra literatura cuando volvamos a tener una masa más contundente que manejar.