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“Yo, Manuel”, es el nombre de la nueva producción teatral que se exhibe en la sala “La Colorina”, uno de los espacios teatrales que está dando que hablar en Santiago, dado su espacio íntimo y su cuidadosa  selección de obras.

Una vez cerrada la puerta y, en silencio la sala: aparecen los resabios de un monólogo desesperado, gritos del alma que nos narran la muerte.

Así comienza la nueva producción de “La Máquina Teatro”, que nos introduce en el mundo más íntimo de Manuel Rodríguez. A primera vista, sobresale el texto, que denota un profundo trabajo y colaboración del director Cristián Ruiz con el historiador Juan Pablo Buono Core. La obra  presenta al héroe patrio desde una mirada distinta, más profunda, donde es más hombre y  menos mito.

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Tras el seco disparo que acaba con su vida, el prócer se levanta y comienza la historia.  Manuel Rodríguez,  no descansa en paz y como alma en pena, empieza a divagar con sus problemas, para hablarnos: de su infancia con un padre que admira y detesta; de su paternidad frustrada con un hijo ausente; de sus sueños de una patria libre, basada en la soberanía del pueblo y de su relación con O’Higgins.

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Acompañando la historia tenemos una puesta en escena sólida y bien preparada. El escritorio se convierte y reconvierte en: corcel, escenario, mueble y refugio. Mientras que el sonido adquiere un rol principal gracias a  la composición musical  de Marcela Barra, que evoca ambientes como el campo y el mar. Y  la participación del guitarrista Alfredo Rossel, que a través de sus miradas cómplices y canciones,  propone pausas y tiempos en el escenario.

El guión avanza con claras referencias de un lenguaje onírico: donde esperanzas, encierros, sueños de patria y de padre se mezclan y revuelven una y otra vez, mostrándonos como el libertador del pueblo; termina amarrado a su propio personaje como una especie de guardián ético. Daniel Gallo personifica ágilmente al héroe, para presentar sus angustias y esperanzas; pero también para interpretarse a sí mismo en cuanto persona. ¿cómo así? Claro, efectivamente, el actor discute con el personaje, estableciendo un desdoblamiento interesante que enlaza pasado y presente en un debate rico, imaginario, pero muy inspirador.

“Yo, Manuel” es una obra íntima y directa que nos cuenta como la muerte de un hombre, es también, la muerte de un padre y de un sueño de nación. Esta propuesta vertiginosa y atrayente, invita a reflexionar sobre el “husar de la muerte”, y nos mueve a re-pensar los valores de nuestro Chile actual.