my voyage to italy Martin Scorsese
 
Cuando uno habla de Martin Scorsese, inmediatamente imaginamos las escenas de “Goodfellas”, “Raging Bull”, “Taxi Driver”, “El Aviador” y la reciente “Lobo de Wall Street”; sin embargo hoy no hablaremos de sus películas. Nos introduciremos en su mundo más íntimo, un tesoro que sin ser secreto ha permanecido a la sombra del Scorsese cineasta. Hoy comentaremos su desconocido, precioso y misterioso documental “Il mio viaggio in Italia” (2001).

Un río gigantesco y un muchacho flotando al medio de él, dejándose llevar sin miedo y sin esperanzas por la suave corriente del Po: Con esta escena de “El Partisano”, Scorsese comienza su documental que nos introduce en su mundo, en su intimidad; en sus películas, directores y escenas favoritas del cine italiano, ¿se imaginan ver un documental de cine italiano, producido por un director como Scorsese? Más que un lujo, esta obra es un verdadero privilegio para quienes tienen la oportunidad de observarlo.

En los inicios del documental, se entrelazan las primeras películas de inicios de siglo, con la vida más íntima de Martin Scorsese. En pleno Nueva York, él crece rodeado de una gran familia italiana, con abuelos sicilianos que más que italiano hablaban dialectos. Toda la familia, junto a su padre obrero, su madre, hermanos, parientes, amigos y hasta vecinos, se juntaban para ver películas y series traídas desde la mismísima bota; mientras aquel viejo televisor hablaba: la familia le guardaba silencio al pequeño Martin sobre su origen, historia e identidad. Así, los escasos momentos de televisión se convertían en verdaderos rituales que ampliaban su mundo, ese era el único momento que podía indagar sobre sus antepasados y, a medida que descubría su historia, él mismo se iba enamorando del séptimo arte. Ya no le bastaba con ver, prontamente comenzó a crear dibujos e historietas, donde él dirigía y mandaba las historias.

 En esta primera etapa del documental, Scorsese, que a su vez es nuestro guía y relator, narra como ya desde pequeño veía grandes películas de la postguerra como “Paisa” (1946) de Rossellini que retrataba duras historias de la Segunda Guerra Mundial. Aunque junto a esta dura realidad, se daba el tiempo para soñar con “Cabiria” (1914) un obra maestra del cine mudo italiano y las grandes epopeyas de Alessandro Blassetti como “Fabiola” (1949) y “Corona de Hierro” (1941)  que le fascinaron por su exquisito decorado y su textura casi mágica.
 
Mientras soñaba con el cine épico de principios de siglo, despertaba con la crudeza del nuevo neorrealismo italiano. Para el director de “Taxi Driver” (1976), existen tres películas claves e imperdibles del neorrealismo italiano: “Ladrón de Bicicletas” (1948) de Vittorio De Sica, “La Terra Trema” (1948) de Luchino Visconti y “Roma, ciudad abierta” de Roberto Rossellini.
 
Sobre Rossellini señala que buscaba narrar el cine desde una nueva óptica, donde nada estuviera embellecido, ni idealizado estéticamente, en otras palabras, la aspiración era simplemente filmar la cruda realidad de una sociedad europea que se estaba autodestruyendo. Desde esa óptica, se entienden sus películas  “Roma, ciudad abierta” (1945), “Alemania, año cero” (1948), “Stromboli” (1950), “Francisco, juglar de Dios” (1950) y “Europa 1951” (1952). En todos sus filmes son recurrentes el sacrificio como una forma de liberación y el problema de la fe en una sociedad culpable. Siempre sus producciones están grabadas con simpleza y con la familiaridad de la vida misma.
 
Para Scorsese su última obra maestra fue “Viaggio in Italia” (1953) traducida al español latino como “Te querré siempre”, que pese a sus pésimas ventas, influenció fuertemente la nouvelle vague del cine francés. Su innovación estaba en comenzar a descascarar la moralidad rígida; mientras que su filmación era libre y alejada de todo tipo de imposiciones; lo que fue clave para el cine experimental de los años 60, pero no nos adelantemos…
 
Alemania año cero
Alemania año cero
 
 
Sobre Vittorio De Sica, nuestro documentalista resalta como obras claves “El limpiabotas” (1946), el clásico “Ladrón de Bicicletas” y “Humberto D” (1952). En este caso, nos centraremos en “Humberto D”, porque del “Ladrón de bicicletas” ya se ha gastado bastante tinta. En esta película se retrata la situación de un abuelo que caía inevitablemente en el desamparo junto a su perro Flicke. Al avanzar con esta trama, el cineasta italiano retrata magistralmente los sentimientos, y los mezcla con una simpleza y transparencia conmovedora. En definitiva, Vittorio De Sica, es el director ideal para dirigir las emociones: sonrisa y llanto; comedia y tragedia; desesperanza y alegría, como en un automóvil dirigido por este diestro piloto italiano.
 
Finalmente, presentaremos al último gran director del movimiento neorrealista, Luchino Visconti. Scorsese destaca como películas clave “Obsesión” (1943), “La Terra Trema” (1948), “Giorni di Gloria” (1945) (en donde participa junto a otros cineastas) y “Senso” (1954). Para él, los grandes atributos de este cineasta aristócrata y comunista, son su atención en los detalles, su maestría en el empleo de la cámara, su operístico sentido de la acción y el manejo de las emociones. En sus películas se mezclaban refinadamente el género documental con la estética teatral y la ópera. Pareciera que las imágenes, la música y el escenario hablaban más que los diálogos y éstos últimos, sólo cumplen la función de acompañar la puesta en escena. Pese a ello, en él sigue vigente esa verdad del neorrealismo, sólo que ahora esa verdad subyace bajo el artificio, pues como comunista, mostraba implícitamente el funcionamiento de las estructuras de la sociedad, pero en un lenguaje no textual y ciertamente codificado.
 
La Terra Trema, Luchino Visconti
La Terra Trema, Luchino Visconti
 
 
Tras los directores del neorrealismo clásico, Scorsese da su entrada a los grandes cineastas de los años 60, Federico Fellini y Michelangelo Antonioni. De Fellini se destacan “Los inútiles” (1953), “La Dolce Vita” (1960) y “Felllini 8½” (1963). Nuestro guía se siente identificado con “Los inútiles”, percibe que en su adolescencia él mismo era uno de estos tipos que mal gastaba el tiempo, hacía bromas, y se emborrachaba mientras los años pasaban. Para él, esta película captura los momentos agridulces de un periodo de la vida por el que todos pasamos. Es el momento en que te das cuenta que maduras o sigues siendo niño para siempre. Después viene la espléndida “Dolce Vita”, que fue un hito decisivo de la historia del cine, muestra el atisbo de una nueva moral donde el pecado fue desterrado para siempre. En un mundo sitiado por la bomba atómica, sólo queda eludir la responsabilidad y dejarse llevar en un espiral de placer, donde los propios sentimientos se dejan de lado en pos de continuar la fiesta. Marchello, consiente de esta realidad, se deja llevar por el espiral, pues no tiene sentido resistirla en un mundo que ya ha sido condenado.
 
El alter ego de la “Dolce Vita” era “La Aventura” (1960) de Michelangelo Antonioni. Si la película de Fellini tenía una óptica panorámica y cercana al espectador; “La Aventura” era enigmática y distante, difícil de descifrar. Aunque la verdad, mostraba la misma sociedad que “La Dolce”, con la diferencia que aquí no había ningún Marchello; es decir, no había ningún personaje con conciencia de sí y de su situación, sólo se dejaban llevar. Pese a su éxito, Antonioni alcanza su clímax en “El Eclipse” (1962). Aquí no hace falta contar su desarrollo, porque a la más mínima mención de la trama quitaríamos el agrado de la sorpresa a nuestros lectores. Por ende, sólo señalaremos que para nuestro guía se trataba más de un poema que de una historia, donde el hombre sólo deja rastros de sus sentimientos humanos, sólo eso, meros y simples rastros en el aire.
 
El Eclipse 1962. Michelangelo Antonioni
El Eclipse (1962). Michelangelo Antonioni
 
Finalmente, Scorsese cierra el documental con “Fellini, 8½”. Por las mismas razones que en la película anterior, me limitaré a señalar las calificaciones que da nuestro guía a esta película: Fellini mostró lo que significa ser artista, que estás cerca de tus mayores gozos y también de tus temores más profundos”. “Fellini, ocho y medio es la más pura expresión de amor por el cine que conozco”.
 
Fellini, 8½.  Federico Fellini
Fellini, 8½.  Federico Fellini
 
A través de estas simples líneas, sólo me propuse ser lo más fiel que podía al verdadero objetivo de Martin Scorsese, que era acercar el cine italiano a los estudiantes y aficionados. Muchas veces me sentí sobrepasado a mi tarea y hasta traicionado por mis seguridades, pero pese a ello seguí por qué me parece que es la mejor forma de homenajear al cine de Italia y al mismo Scorsese. Hay que rescatar y valorar, cuando un director abre sus tesoros más preciados: es como si alguien nos abriera la puerta de su casa y como anfitrión nos guiara por las habitaciones y los salones más íntimos de su hogar. Si algún lector se siente motivado por ver el documental o mirar algunas de estas películas, el objetivo de este ensayo está logrado.