Esta película está llena de personajillos nefastos, abusos y grupos de poder organizado, pero no de esas que rebosan estilo y glamour a las cuales nos acostumbró Scorsese, sino que deleznables, torpes y descuidadas, que parecen personajes sacados de una obra del mejor absurdo de Jorge Díaz. “Mi amigo Sebastián” es algo que nunca debió haber ocurrido.    

6 de enero de 2020

Atención. Esta película, la terminamos nosotros y la única manera es manteniéndonos juntos y fuertes. Porque podemos, porque somos más, porque unidos somos invencibles, porque lo merecemos.

Este bodrio argumental, se centra principalmente en el personaje del Presidente de Chile Sebastián Piñera, el villano de esta historia, pero para ser honestos, es un pésimo villano, ya que no inspira miedo, ni respeto como lo suelen hacer los grandes villanos que han pasado por la pantalla grande. Éste, muy por el contrario, coquetea involuntariamente con la comedia, desde su extraña y algo cubista complexión física, hasta sus innumerables chascarros, torpezas y textos que han quedado para la mofa general en el imaginario colectivo. Es una mezcla extraña entre Cantiflas, Smeagol, los absurdos personajes de Leslie Nielsen en la hilarante saga de “The naked gun” y Barney el dinosaurio, pero sin gracia, más bien es como un gas involuntario en una primera cita, porque lo único que logra provocar es: Vergüenza. Ahora, tampoco podemos dejarnos engañar con la apariencia inofensiva y la manera desmañada de actuar de este infame personaje, ya que sí es poseso de una inusitada crueldad, delirios de grandeza, nula empatía, todo esto sumado a una ambición incalculable y a un abundante poder que si lo vuelven un ser peligroso. Sólo podría él, interpretarse a si mismo, su extraña mixtura de maldad y torpeza le quedarían grande hasta el más inspirado de los Alfredos Castros.

La historia nos muestra a este peculiar ser humano (no estoy seguro aún de esto), desde pequeño, donde ya nos muestran sus rasgos sociópatas y nos dejan claro que sólo se moviliza por y para su egoísmo, padeciendo una codicia exuberante que resulta molesta desde el minuto uno que lo vemos. Es un niño insoportable. La historia acá hará unas grandes elipsis, pasando rápidamente por algunos de sus hitos más importantes como el fraude con el banco de Talca, el negocio turbio del caso “Cascadas”, el escándalo bursátil en el caso “Chispas”, la colusión “LAN Cargo”, el caso “Penta”, tener un hermano amante de la Cocacola, servirá de alivio cómico (no logrado, por cierto), el caso SQM, triangulaciones en CHV, tener otro hermano que es el responsable del criminal sistemas de AFP, aportes ilegales en el grupo Said, Forwards con Bancorp, decir marepoto, decir tusunami, caerse en diversos lugares, el Milicogate, tener una esposa dipsómana que ve alienígenas, sociedades truchas en Panamá, hacer negocios utilizando información privilegiada mientras era presidente, ocultar su fortuna en paraísos fiscales, evadir impuestos a lo Messi driblando defensas y bailar Thriller en Canal 13, todo este historial, que envidiaría hasta el Padrino, resumido para llegar al momento que nos importa, su segundo gobierno como presidente, versus, el estallido social de octubre del año 2019. Donde aparecen una serie de personajillos detestables de la política, los cuales ni siquiera mencionaremos.

Lo que si mencionaremos es el gran personaje inevitable y combatiente que emerge como la necesaria fuerza opositora en contra de este extravagante villano, para que sea posible la existencia de nuestro tan amado conflicto. Este personaje hercúleo, es el pueblo, un ingente coro que luego de mucho tiempo confundido y separado y por obra y gracia de los innumerables abusos de Sebastián y sus seguidores, se unió. Al fin, cada una de las piezas de esta fuerza inexorable comenzaron a mirarse entre sí, a ver reflejado su dolor y frustración en el otro, a darse cuenta que compartían resentimientos, que, a pesar de vivir en distintas comunas y ciudades, ser fanáticos de distintos equipos, escuchar distintos tipos de música, vestir de maneras diferentes; eran todos uno. Todos uno, unidos, soldados entre sí contra un poder brutalmente cruento y opresor, violento y mutilador. Este personaje coral es el héroe de esta historia, tú eres el héroe de esta historia. Su objetivo es el objetivo más hermoso y plausible que se puede encontrar en un personaje, la búsqueda de la dignidad, por ellos mismos, por sus hermanas, hermanos, hijas, hijos, abuelos, abuelas, padres, madres, por ti y por mí, absolutamente por todos. Los segregados, los estudiantes, los marginados, los artistas, los audiovisuales, los del área de salud, los que nunca tuvieron un lugar en la sociedad, acá están en primera línea, dando los ojos por su propia gente. Una sobredosis de convicción, intrepidez y amor que emocionarían hasta al mismo Rambo (PD: no vean la última, es infumable).

En esta película aún no sabemos si el personaje déspota y aciago que encarna Sebastián Piñera y su tropel de seguidores, de exterior elegante, pero de interior pútrido, se salen con la suya… a mi me gustaría creer que no, que no hay forma alguna de que en este caso un villano tan paupérrimo pueda soltar la última sonrisa cínica.

Quiero creer que el pueblo da vuelta la tortilla, que todos estos elementos humanos heridos crearon una mecanismo inexpugnable que arrasará contra los dueños del mundo, asolará con todo lo que intervenga su paso firme, que sólo busca dignidad… ¿sabes que es lo mejor de esto?  Que esta parte del filme se está recién escribiendo, y lo estamos escribiendo nosotros,

Depende de nosotros, tenemos la oportunidad de ser nuestros propios Avengers, de pintar con sangre si es necesario una hermosa obra de arte, a lo Tarantino, cambiar el destino, jugar con el tiempo como lo haría  Nolan, pasear por una ciudad oscura en ruinas y decadente como salida de un filme de Fincher, para transformarlo en un mundo lleno de luz y con un final feliz, como cinta de Disney. Aún podemos hacer de esta película de mierda, nuestra película favorita. Los invito a seguir siendo los protagonistas de esta historia, los invito a seguir luchando desde nuestras veredas favoritas para doblegar la enorme mano del gigante que nos quiere con correas en el cuello y moviendo la cola, llamado poder. No nos soltemos, no nos rindamos. Ya despertamos de la peor de las pesadillas, del letargo de soportar injusticias y tragarlas con un vaso de cerveza, nunca más, ya despertamos y no volveremos a dormir hasta que el sueño sea un pueblo sin opresión, sin los políticos inconsistentes sonriendo y aún a cargo de tomar todas las decisiones, mejor no lo soñaremos: seguiremos escribiendo este guión en la vida real hasta que así sea.

Arriba los que luchan.

Renuncia Piñera.