Mob City (Ciudad de Pandillas) es el título de la nueva serie de Frank Darabont, que nos introduce en el ambiguo mundo de la mafia de los años 40.
 
Ya desde el primer capítulo, el productor nos deleita con un trabajo meticuloso, refinado y preocupado de cada detalle: desde el lenguaje hasta la música y la estética; donde clubes de jazz, cigarrillos y la vestimenta art deco, dialogan para instalar la atmósfera de la cultura norteamericana de los años cuarenta.
 
 
Con esta propuesta, Darabont, no sólo buscaba sacudirse de la sombra de The Walking Dead, sino que sobre todo trabajar directamente los problemas éticos y el derrumbe de los arquetipos. En esta sociedad de fachada moralista, aparece su protagonista Joe Togue, un ex soldado del frente, que regresa a América, convertido en un nuevo policía que se debate en viejos problemas: su amor por una esposa atrapada y encantada por las redes de la mafia y su fidelidad hacia Ned Stax, su amigo y camarada de armas, ahora devenido en mafioso.
 
El camino de Joe, es el de una sociedad enferma que busca sacudirse de la mafia, pero que una y otra vez sigue cayendo en sus redes.  En ese mundo, su ética policiaca choca con la ética de un sobreviviente que se afirma a su antiguo amor, como único puente de la vida; bajo la cuál mata, miente, oculta pruebas y asesina a destajo. Así, entre intrigas y balazos, la serie adquiere una velocidad insospechada y un ritmo vertiginoso que de golpe y porrazo se detuvo. TNT anuncio que su producción se congela y probablemente desecha.
 
 
¿Qué hizo se hizo mal? ¿Por qué la serie no despegó en audiencia? Símbolo de los nuevos tiempos, de personajes fáciles y de productos simples para consumir; Mob City rompe estos cánones y exige el esfuerzo adicional de un espectador acostumbrado a tramas sencillas, donde el inicio de las series es siempre explícito, y sólo después vienen los dilemas.

Así, Mob City, en menos de un año, pasó de ser la “nueva serie” de Frank Darabont, a convertirse en una “serie de culto” y altamente recomendable, sólo para aquellos que pueden aguantar la tensión de un final en eterno suspenso.