El lenguaje es una sustancia que no puede desatenderse en ningún texto, reflexión, cuento o anécdota. Es la sustancia misma del contar, involucra desde tweets hasta textos académicos y hay millones de maneras para explicar cómo, lo más claro y simple, siendo que forja una cadena que une al sujeto con la letra. 

Este mismo lenguaje es una cadena que el marketing seccionó para los bestsellers y que la poesía convierte en una muralla impenetrable cuando se le da la gana; también puede ser cristalina, pero fuerte. Está acá para unirnos a lo expresado aún contra nuestra voluntad.

Confieso que me faltan elementos teóricos para entenderla y explicarla, pero pienso en Zambra cuando te cuenta el final de sus historias en la primera página porque eso da lo mismo. Incluso cuando, perdido el training de la academia, se lee un párrafo de un ensayo y no se entiende nada. Entender es una cosa, el lenguaje es otra, no siempre van de la mano y bien que así sea.

Pero cuando pasa al revés, cuando la cadena de lenguaje y texto se rompe, porque es frágil como une misme, se ve el fondo de un vaso que bien puede ser un fango pesado, algo viscoso y muerto.

Zambra y El gran pez. Cómo contar una historia sin aburrir, el amar, el narrar o un incomprensible e impenetrable mantra que deja la sensación de libertad sobre una roca amarilla. La manera de contar nunca, en ningún universo, bajo ninguna estrella, da lo mismo.

Lo lamento por Antonio Aldunate y su texto Magia Negra (Amazon, 2020) que nos hizo llegar con tanta ilusión, y sin desconocerla, le comento con mucho cariño que contar no es narrar, que narrar no es contar, que la cadena del lenguaje se rompió dejando ver la distancia enorme que hay entre la silla y una silla.

Porque es soso el te dijo que te dije y el hizo y cómo lo hizo sin ningún elemento de suspenso, sin ningún efecto narrativo que me diera una vuelta. Cuando buscamos una historia, no buscamos una historia. La silla y la silla. Un pupitre es una silla lejos de la comodidad, pero despierta emociones. La soldadura de la cadena entre texto y lenguaje, ausente en la eterno e innecesario detalle, diálogo, detalle y diálogo. Me faltó de todo menos letras.

Hay aprendizajes acá para todos lados. Comenzando por tomar un texto de forma analítica, cómo hacer que algo sea entretenido, como festejar, festinar, arrebatar las entrañas, masacrar una imagen. Si no me pasa nada, si no alimenta mi falta de voluntad ante la palabra, la voracidad está perdida, y con ella, el hambre.