El premio reconoce la trayectoria del poeta mapuche pero no salda su deuda histórica con las mujeres, candidatas merecedoras del reconocimiento.

Ya se anunció al ganador del Premio Nacional de Literatura, galardón creado en 1942 para reconocer de forma pública y monetaria a los creadores chilenos. El premio es una retribución económica (22 millones y una renta vitalicia de 20 UTM), pero sobre todo, enmarca la obra del ganador en el canon de las letras nacionales. Esto significa que de acá en adelante su obra será difundida con más ganas, traducida, analizada, criticada, incluso puede que sea parte de las lecturas obligatorias si el Ministerios de Educación así lo permite.

Tremendo que por fin se reconozca a un creador mapuche, un pueblo que se comunica y vive desde un imaginario poético, con tradición oral, una cosmología que escucha directamente a la naturaleza, creando una conexión mística con todo lo que está vivo (newen). Elicura tiene una trayectoria admirable y reconocida en el mundo entero. Comprendiendo que el premio reconoce la trayectoria, tanto él como otros candidatos y candidatas eran una opción valiosa para nuestras letras.

Elicura es muy conciliador y ha comentado en entrevistas que ve su quehacer como un mediador entre chilenos y mapuche. En el año 2017, cuando se le entregó el premio a  Manuel Silva Acevedo, comentó:

“Poco a poco se fue instalando un diálogo vivo entre mi espíritu y mi corazón y, así como amé y amo profundamente mi ser mapuche fundamental, también he aprendido a amar esa chilenidad profunda, por eso he construido un puente para que conversen tranquilamente mi mapuchidad con esa chilenidad que me llegó. Entonces, todo lo que hago lo intento comprender desde esa condición”

Desde ese punto de vista, es un premio políticamente correcto: se entrega a un poeta mapuche de gran trayectoria pero que no ha sido una voz denunciante de las violencias que sufre su pueblo, aun sabiendo que es un error pedir activismo de los artistas porque no todos los son. Es un premio tibio porque sus temas son cosmológicos; nos revelan la mapuchidad desde su misticismo, haciendo que sea cómodo desde lo político nombrarlo a él como ganador.

Es curioso que sea tan incómodo premiar a una mujer. Rosabetty Muñoz, Carmen Berenguer, Elvira Hernández y Cecilia Vicuña también tienen trayectorias reconocidas dentro y fuera de Chile.

Debe ser que sus temas son políticos, que es peligroso incluirlas en el canon, que no estamos preparados todavía para validar las voces femeninas. Así como el tiempo que tomaron en reconocer a un poeta mapuche, esperemos que dentro de los próximos 50 años por fin llegue el tiempo de las mujeres.