Sherlock Holmes, ¿personaje, literatura, película o serie? Las preguntas son múltiples, aunque la esencia es una sola. Siempre está él; este personaje solitario y por momentos narcisista que posee una gran capacidad lógica para resolver los más intrincados crímenes.
 
Y está esencia es respetada por la nueva serie de la BBC titulada  “Sherlock”.  Este proyecto que es producido por Mark Gattis y Steven Moffat presenta una imagen dinámica y refrescante del clásico Sherlock, aunque a diferencia de las producciones anteriores, se sitúa en el Londres del siglo XXI.
 
En este sentido, presenta diferencias notorias con las dos últimas producciones cinematográficas que no sólo están dada por el contexto histórico. Si bien uno tiene que reconocer que el ambiente victoriano de las producciones cinematógraficas de Guy Ritchie dan cuenta del ambiente natural del Sherlock Holmes clásico; presenta inconvenientes propios del cine, ya que en apenas dos horas deben presentar los personajes para todo tipo de público, dar cuenta de los hilos, presentar acción y resolver la trama. Por  ende, tienden a ser producciones atrapadas por la acción con una velocidad vertiginosa, en la cual no se presentan los tiempos adecuados para una correcto desarrollo de la historia.
En este sentido, el formato de serie ofrece oportunidades que sabiamente ha sabido recoger la BBC, ofreciendo un espacio mayor para el desenvolvimiento de los personajes. Espacio que ha sido bien aprovechado por  Benedict Cumberbatch en su papel del mítico Sherlock; mostrándonos un Holmes seguro de sí mismo, sagaz, intrépido, analítico y ciertamente narcisista. El Holmes de nuestra época es solitario, lector, músico  y un informático dispuesto a emplear las nuevas tecnologías modernas como GPS, localizadores, teléfonos, internet y todo lo que se pueda utilizar actualmente, aunque sin dejar de lado el principal rasgo del Holmes original, la observación. De ahí la clásica frase “lo que pasa es que ustedes ven, pero no observan”.
 
En este sentido la interpretación de Cumberbatch presenta diferencias notables con el Holmes cinematográfico de Robert Downey. Mientras el Holmes de la película tiene un cariz hiperquinético, luchador y excéntrico; el Holmes de la serie se presenta más analítico, interrogativo, pausado, observador; menos excéntrico a la vista aunque se reconoce psicópata y ciertamente más elegante gestualmente. Su recorrido frente a los problemas se divide en dos vías, está la vía explícita propias de los personajes, de Watson y del espectador en la cuál se exponen claramente los descubrimientos y está la vía interna de Holmes, de carácter más reservado, la cuál abre espacios para análisis desconcertantes y grandes sorpresas.
En este sentido la apuesta de la BBC es sumamente recomendable para todo público. Se trata de una serie inteligente, refrescante, dinámica y gestual que privilegia la elegancia británica por sobre el marketing norteamericano. La serie está estructurada en apenas tres capítulos por temporada, aunque cada capítulo tiene 90 minutos, duración que tiene  claros matices cinematográficos, aunque con la ventaja de tener el tiempo para desarrollar una narración expectante que va in crescendo, pues no cuenta con las presiones de la pantalla grande.
De a poco se van bosquejando las relaciones y conflictos de un Holmes que conserva su esencia pese a no estar en el siglo XIX. Así,  las guerras decimonónicas se asemejan a las guerras de Irak, y se mantiene la misma  la ineptitud de la policía, la estupidez de las masas; y el carácter auto narcisista de Sherlock como una forma de escapatoria y de autoafirmación valórica, que se conserva notablemente pese a los dos siglos de distancia.