La sorprendente “Sound of metal” de Darius Marder trata sobre la peor pesadilla de todo músico en el universo: perder la capacidad de escuchar. Apoyada en una actuación brillante del protagonista y una mezcla de sonido digna de ser galardonada en todas las premiaciones existentes, los espectadores siguen esta historia desde la audición  del protagonista.

 

Ojo, si no haz visto el film, detente acá que haré spoilers y no te salvarás si estás sordo, porque esto lo estás leyendo.

“Sound of Metal” dirigida por Darius Marder y protagonizada por Riz Ahmed, Olivia Cooke y Paul Raci, fue una gran sorpresa del año, una película de acotado presupuesto, sin ningún rostro que venda per se y distribuida por Amazon Prime, se ganó a todos los críticos y audiencia con su simpleza, elegancia, calidad y frescura. 

Yo no sé bien porque, tenía la idea que era europea, holandesa, de hecho la vi en holandés, no soporto ver una película doblada, ahora lo hice por error. Quizás será su manufactura refinada y estilo menos efectista, o el color del pelo de Lou, interpretada por Olivia Cooke, o la extravagante apariencia de Ruben, encarnado por Riz Ahmed, quien se ha llevado todos los elogios posibles, incluso se habla bastante de una nominación a los premios de la academia por su rol. No sé que fue lo que me llevó a pensar que fue realizada en el viejo continente, pero para mi sorpresa, hoy -momentos antes de comenzar a poner a bailar mis huellas dactilares sobre el teclado para entregarles esta reseña- me entero de la peculiar realidad: la película es estadounidense y yo la vi doblada del ingles al holandés, cosas del streaming.

Para entrar en pie derecho, lo más destacable de esta bella historia de adaptación, es su protagonista -Riz Ahmed- que es brutalmente creíble, todo lo que hace o dice se ve con tal naturalidad, que convierte la ficción en un documental.  Además, se agrega la complejidad del papel: es un baterista de una bizarra banda de heavy metal formada junto a su novia, quien de golpe pierde pierde gran parte de su audición, hasta perderla por completo. Esto obliga a nuestro protagonista  a cambiar su realidad exponencialmente, y verse obligado a aceptar que su vida nunca será la misma y tiene que aprender a vivirla de esta manera.

 

En esta angustiante odisea que vive Ruben, convencido por su novia, se interna en un centro de gente sorda, donde aparece mi personaje favorito, Joe, actuado a la perfección por Paul Raci (también suena para ser nominado a los premios Oscar) quien es el hombre a cargo de este internado que enseña a las personas a vivir como sordas, no considerándolo una discapacidad. Esta es la parte más linda de la película, cuando veremos a Ruben luchar internamente contra el adaptarse y el no aceptar su nueva condición, pero que de a poco aprende a vivir con ella y convertirse en una pieza fundamental del grupo.

Uno lo ve feliz, siendo parte de este gran y hermoso engranaje, lo malo, es que a pesar de adaptarse a no tener audición, no lo termina de aceptar. Su objetivo siempre fue juntar plata para una muy costosa cirugía de implante coclear y luego de un tiempo en la casa donde todo parecía ir perfecto para él,  vende su casa rodante, batería y todas sus pertenencias, para conseguir el monto para la cirugía. Lo más malo, no era lo que esperaba, ahora escucha todo distorsionado. Rubén luego de caminar por la plaza y estar expuesto a una cantidad abrumante de ruido y percatarse que las cosas no salieron como creía, decide sacar estos audífonos y disfrutar el silencio sepulcral con una mueca de alivio en su rostro, como dándonos a entender que por fin logró cerrar su arco y aceptar su nueva vida.

“Sound of metal” tiene muchas cosas a destacar, por algo tiene la critica que tiene, pero lo más memorable de este viaje audiovisual, a ratos solo visual, es como, gracias a la mejor mezcla de sonido del cine (quizás exagero un poco) el director logra meternos en el sentir auditivo del protagonista, cuando empieza a perder la audición, cuando la pierde, cuando pone los desagradables y onerosos implantes y cuando los quita, sentimos su angustia, su alivio, su miedo.

Hay una gran parte de la película en que no existe el texto hablando, es todo escrito o con lengua de señas y cuando no entiende lengua de señas, los espectadores tampoco tenemos una traducción o algo que nos permita saber que están diciendo las personas con los signos. Somos Ruben a lo largo de la película, lo que lo vuelve un viaje muy entretenido, donde al final, al menos yo, a pesar de vivir mi peor pesadilla como músico, quedé con una sensación tan agradable y de paz, cuando decide aceptar y estar completamente sordo,  no escuchar nada, sentir el vacío en los tímpanos, en ese me momento, me hizo esbozar una sonrisa llena de gratitud.