Este pasado 14 de diciembre se estrenó la más reciente película de la gran familia Star Wars, aproximadamente 2 años después de que saliera en cines la primera parte de esta última trilogía. Como millones de otros espectadores, me vi en la necesidad de transformar en prioridad el ir presenciar la novedad de una de las sagas cinematográficas más grandes e importantes de la historia del cine.

Martes 19 de diciembre

Siendo sincero, debo aclarar que no soy uno de los fans más acérrimos de la franquicia. Pero por otro lado,  también admito que, como para muchos, las primeras dos trilogías y el universo de Star Wars tienen gran cabida en mi infancia y mi historia personal. Es innumerable la cantidad de horas que invertí entre las películas, los juguetes, los cómics, los videojuegos… Por este motivo es que me era imperativo asistir prontamente a realizar mi juicio de lo que es, a esta altura, un estreno de índole mundial e histórica.


Llegaba a ver esta película con altas cuotas de entusiasmo y expectativas (9 de 10 veces un grave error), ya que disfruté bastante de la primera parte de esta última serie. A pesar todo lo que se pueda decir de The Force Awakens, creo que hace al menos un par de cosas bien: introduce un elenco de personajes bastante interesantes, y abre varias líneas narrativas e incógnitas que te dejaban expectante de lo que sucedería en las entregas siguientes.

¿Y que puedo decir? Se me pararon los pelos de punta en la espalda durante la fanfarria inicial mientras corría el texto de la introducción, y sentí una emoción familiar al comenzar la acción de las primeras escenas que le hacen un guiño notorio a sus antecesoras. Desgraciadamente, esta fue una de las muy pocas ocasiones en que me encontré disfrutando la película sin estar preguntándome ¿Pero qué demonios?

Llendo al grano, resulta ser que StarWars: TheLastJedise asemeja mucho a nuestros candidatos presidenciales: no cumple lo que promete, no queda a la altura, y finalmente resulta ser mediocre y se va desinflando de a poco desaprovechando su potencial casi por completo. TLJ sufre de muchos problemas: inconsistencias, sinsentidos, situaciones forzadas y mucho, mucho relleno. Algunos de estos problemas son clásicos, y en cierto sentido van en el gen StarWars, pero a grandes rasgos hay 3 problemas en particular que asoman a cada momento y son los que arruinan la película.

La estructura narrativa es un desastre

Una de las grandes críticas que se le hizo al Episodio VII fue que era demasiado derivativo y casi una copia del Episodio IV. Si bien esto es cierto, al menos se le puede dar el mérito de utilizar una receta probadamente exitosa que, dentro de todo, funcionó. Por su parte, en The Last Jedi el otrora director de The Looper, Rian Johnson, intenta incorporar una estructura narrativa diferente: menos lineal, más riesgosa y “moderna”. Pero el riesgo no paga y estructuralmente el film no tiene ni pies ni cabeza.

La película intenta mantener un estado de suspenso permanente, entrelazando varias líneas narrativas que, en vez de llegar a un desenlace, se van transformando y van dando pie para que comiencen otras. El problema es que el poco sentido de término y el difuso mensaje que ofrecen las diferentes tramas sólo se prestan para que nos cuestionemos cuál realmente es la lógica detrás de las decisiones creativas. Lo único que se logra con esto es rellenar artificialmente la película con contenido vacío y realmente bastante aburrido, y finalmente terminamos con una sección central que podría no existir y nadie lo notaría. Lo peor de todo, es que mucho de este flojo esfuerzo se trata de esconder detrás de una fachada de profundidad “espiritual/filosófica” que en realidad es más superficial que charco de agua. Esto guarda estrecha relación con el segundo punto de discordia.

Nada termina como debería

Sin ánimo de entrar en detalles, nada realmente termina como debería en esta película. Y no estoy hablando de lo que personalmente me habría gustado que hubiese pasado. Una consecuencia directa del irresponsable manejo de la historia es que se van quedando atrás hebras y se van cerrando inesperadamente círculos de forma tan simple y floja, que uno se queda preguntándose si le están jugando una broma o no. Hacia el final de la película me empecé a dar cuenta que todo el potencial que había generado The Force Awakens se había malgastado de forma grosera, y con justa razón me sentí ligeramente estafado.

Lo peor de todo esto es que este film no deja absolutamente nada para la continuación. No quedan grandes incógnitas, conflictos particularmente interesantes, o misterios por resolver. No queda absolutamente nada, y nada fue realmente resuelto como debería. Algunos, he leído, hacen alusión a que la película trata de proyectar una tendencia de dejar de lado lo antiguo y abrazar lo nuevo, y es por eso que se da el manejo inusual de las tramas y la completa vuelta de folio en que termina la película. Puede que este sea el caso (de todas maneras resulta ser algo bastante contradictorio), pero definitivamente sea lo que sea que se quería lograr de esta forma, definitivamente no tiene nada del peso que tuvieron ninguna de las películas anteriores. Por lo demás, y reitero, mucho de lo que ocurre (o más bien lo que NO ocurre), se trata de cubrir bajo la fachada de una meditación sobre el bien y el mal que pretende ser profunda pero que finalmente no tiene mucho contenido. Y bueno, volviendo un poco al tema del relleno, se genera el último problema fundamental.

Uso abusivo de la comedia

Todas las películas de Star Wars tienen su cuota de comedia. En Episodio IV eran los droids, en Episodio VI eran los Ewoks. Eso estaba bien. Luego vino Episodio I con Jar-JarBinks – quizás el personaje más odiado de toda la franquicia – y demostró que una cuota demasiado alta del humor fuera de lugar podía ser nociva para los propósitos de la saga. Bueno, The Last Jedi hace completo caso omiso a las enseñanzas del pasado y lanza a diestra y siniestra un bombardeo de escenas y situaciones humorísticas de un cliché e infantilismo que amenazan con superar incluso a Episodio I. De por sí este hecho rápidamente genera hastío, pero además resulta sumamente disruptivo sobretodo en ciertas escenas que pretenden ser serias y profundas. Gran parte de esta descarga lúdica viene de la mano de los pequeños Porgs:minutas bestias con cuerpos parecidos al de aves polares y caras de cachorro que se encuentran esparcidos por montones en la isla en que dejamos a Rey y Luke en The Force Awankens. Su carisma y amigabilidad es indudable, pero es imposible no sentir que su único propósito en la vida es ser una herramienta de marketing y un modelo para juguetes. A esta altura, quizás están haciéndose la pregunta, no?

¿Vale la pena ir a ver la película?

A pesar de todo lo comentado ¡Por supuesto! Al fin y al cabo es una película oficial de StarWars, y si se tiene aunque sea la más ligera devoción por la saga, resulta obligatorio ver la película. Bueno, siendo un poco más serio al respecto, se debe considerar que, a pesar de todo lo dicho, esta nueva entrega tiene puntos en que brilla. En particular, estéticamente The Last Jedi es un gran banquete de platos viejos y nuevos.

No es una gran novedad: Star Wars se reconoce a través de su historia por tener efectos especiales de punta y estéticamente una marca que lo diferencia de todas las otras franquicias de ciencia ficción. Esta no se queda atrás en este ámbito y entrega lo esperado mezclando un poco de lo antiguo con lo nuevo en una amalgama que satisface, ya sea al fan ‘oldschool’, como al fan de la nueva era. Algo similar ocurre con la música y efectos de sonido, los cuales nos sonarán familiares y al mismo tiempo novedosos. Y bueno ya, para no desacreditar por completo el contenido de la película, no se puede desmentir el hecho que hay algunas partes y acontecimientos inesperados que inevitablemente lo hacen a uno exclamar de impresión y generan cierta emoción.

Quizás la razón más importante por la que se debe ir a ver la película es que, según se puede apreciar por todas partes en internet, la crítica está altamente polarizada. Esto apuntaría a que la fórmula que utiliza el director tal vez funciona para algunos y no para otros. Pero mi conclusión es que los pocos puntos en los que brilla StarWars: The Last Jedi, no logran balancear positivamente el tremendo peso de todos los negativos. Me siento inevitablemente como si estuviera aleteando en el mar de relleno tratando de sacar a flote las virtudes de la película, pero francamente no puedo dejar de cuestionarme si realmente vale la pena.

Estoy convencido que The Last Jedi es la primera película de Star Wars en la que me sentí un poco aburrido a momentos y eso, para esta saga, es algo imperdonable a mi gusto. Y lo más triste es que esto provoca que, para poder enmendar los crímenes de su antepasado, el Episodio IX deberá entregar mucho, y a esta altura eso se ve poco probable. La fuerza no parece estar con las películas de Star Wars en estos momentos, pero ¿quién sabe? la que sigue puede todavía dar un vuelco a esta historia y volarnos la cabeza para dar un contundente punto final a la saga de ciencia ficción que nos ha robado el corazón.

Pero a esta altura nos es común invocar a esa eterna promesa sobre la industria del cine hollywoodense, esa llena de franquicias y continuaciones, porque la próxima sí que será mejor.

Gabriel Jara