Si te digo que existe una película, donde un náufrago es el mejor amigo de un hombre muerto que habla: se pedorrea, su erección es una brújula, su cuerpo sirve como moto de agua y ese hombre muerto es Harry Potter. ¿Me creerías?. Y, por si fuera poco, es dirigida por los directores del vídeo clip de “Turn down for what” 

21 de Julio de 2017.

 

Antes de que sigas leyendo debo advertirte que este artículo contiene SPOILERS.

Dan Kwan y Daniel Scheinert, conocidos como “Daniels”, han sementado una exitosa carrera en la realización de ingeniosos vídeos musicales y uno que otro cortometraje colgado en su canal de YouTube. Pero al parecer, esto dejó de ser suficiente para la inquieta imaginación de estos dos amigos.Así que tomaron la decisión de dar el gran salto a la pantalla grande con su película prima “Swiss Army Man”.

Esta película, fue estrenada el año pasado en el prestigioso festival de cine independiente “Sundance”, donde ganan el premio a mejor dirección y además reciben una de las más extrañas reacciones de los asistentes del cine en el evento: muchas personas espantadas, abandonaron la sala mientras la película estaba siendo exhibida. De lo que se perdieron por tener un estomago excesivamente frágil. Es una de las producciones más originales que ha pasado por la historia del festival. De todas formas esto significó publicidad. Así me enteré de la existencia de este filme que despertó mi curiosidad de inmediato.

En un año donde el cine se plagó de secuelas, remakes y sagas de superhéroes, que nos gritaban en la cara una sequía de creatividad, aparece esta exquisita rareza. La cinta en su esencia es absurda, escatológica e inmadura, pero termina siendo divertidísima, extrañamente profunda, desgarradora y conmovedora.

“Swiss Army Man” cuenta la historia de Frank, interpretado por un sólido Paul Dano, es un hombre abandonado en una isla y sin esperanza alguna. Está a punto de colgarse del cuello con su cinturón para quitarse la vida. En esto el mar devuelve el cuerpo de un hombre, suceso que llama la atención de Frank y que lo hace cesar en su intento de suicidio. Cuando ve el cuerpo descubre que es un cadáver. Pero no uno cualquiera, es un cadáver especialmente flatulento. Es acá cuando Frank se monta en el cadáver y lo usa como una moto de agua, siendo los pedos del cuerpo los que sirven como motor a propulsión, comprendemos de inmediato que no vamos a ver una película realista y nuestra prejuiciosa mente nos prepara para algo absurdo y sin mucha carne. Acá es donde, como espectadores, firmamos el contrato de si queremos creer y sumergirnos o no el mundo que “Daniels” nos ofrece.

A medida que avanza la historia, lo que en un principio parecía un carísimo y caprichoso chiste infantil de dos amigos adolescentes que consiguieron los recursos para hacerlo de manera épica en el cine, se empieza a transformar en otra cosa, en algo más. El “algo absurdo y sin mucha carne” te empieza a indigestar, pero no puedes dejar de mirar lo que sucede. Aun así el plato está agarrando un gusto que no quieres dejar de saborear.

En el segundo acto cuando junto a Frank descubrimos que el cadáver no está tan muerto como creíamos, la película comienza a transitar en un espacio límbico jugando descaradamente con la fantasía, sin olvidarse por completo de lo real tratándolo de una manera muy inteligente en el guión. Un muerto le salvó la vida a un vivo. Este vivo ahora debe enseñar al muerto, que no está tan muerto, lo que olvidó de la vida. Vaya locura.

Este cadáver viviente, tiene como nombre Manny y está encarnado por Daniel Radcliffe, quien hace un espectacular trabajo físico para este papel, controlando a la perfección los gestos de su cara y de su cuerpo, logrando que esta difícil misión se vea creíble, y a su vez, sacándose de encima el personaje que lo ha marcado en su carrera: Harry Potter.

Cuando la relación de estos inusuales amigos, se va intensificando y Frank se va dando cuenta de los múltiples usos de Manny que le permiten sobrevivir (sirve para afeitarse, para disparar, para hacer fuego, es una fuente ilimitada de agua, su pene es un radar que le indica hacia donde ir para salir del bosque. Una navaja suiza humana) y además de tratar de enseñar a Manny lo que es el amor, el miedo, el sexo, la vida. El ritmo de la película te atrapa y te sube a una montaña rusa que no parará más hasta los créditos. Chistes burdos, diálogos existenciales, tomas únicas que harán que tus ojos te den las gracias, una banda sonora que para los pelos a cargo de Andy Hull y Robert McDowell y un montaje lleno de vértigo que ensambla todo de una manera única. Uno espera de corazón que los “Daniels” sigan haciendo cine.

“Swiss Army Man” es la única película que recuerdo haberle contado al menos tres clímax (sí sé, es uno sólo, pero es que está película se sale de toda normativa), que parte con un pedo absurdo y gracioso y cierra con uno que emociona y te suelta lágrimas (un trabajo de guion envidiablemente inteligente para lograr eso). Es la única película que al emplear un personaje muerto te hace cuestionar el sentido de la vida, que hace que al ver a Daniel Radcliffe, no veas a Harry Potter (Perdón Daniel) y que nunca pierde el humor, el absurdo, pero no se queda en lo inane como amenaza en un comienzo, sino que trasciende y cala hondo provocando tantas sensaciones que uno termina medio grogui y con alma y cerebro adoloridos por la cantidad de estímulos deglutidos. A este filme no le interesa la verosimilitud, le interesa la emoción, lo que se agradece profundamente y la verdad es que, citando a un antiguo profesor, don Jaime Collyer. No le debemos nada a la realidad.

La película no da espacios para la indiferencia. O la amas, o la odias. O entras en el universo del filme y te entregas o lo rechazas de partida. No existe un término medio, pero sí un punto de encuentro. Todo, pero todo aquel que vea completa esta obra, compartirá las últimas palabras que se mencionan en la misma, que terminan de completar este genial, trascendental, reflexivo y conmovedor chiste de 95 minutos: WTF.