Actualmente, nos vemos envueltos en tiempos convulsionados en lo que a géneros respecta: ¿Qué significa ser mujer?

No sólo nos ataca la pregunta en lo que al género femenino respecta, sino que también al género masculino y transgénero, pero en esta ocasión vamos a referirnos al rol de la mujer en las artes, particularmente en el teatro.

Desde los inicios del teatro, en lo que conocemos como “tragedia” la mujer tuvo una participación poco protagónica en las historias, más bien, su función obedecía a un rol respecto del hombre (madre, hija, esposa, hermana) pero carecían de trascendencia como individuas (remitiéndonos a la visión del dramaturgo).

8 de agosto de 2017

(Pintado por la artista Margaret Keane)

En la tragedia griega: Sófocles en “Edipo Rey”, cuenta la historia de la amenaza de la peste a todo un pueblo en consecuencia del pasado de su rey, a pesar de que el problema radicaba en que Edipo se casó con su madre, el rol de ella solo estaba en enriquecer la historia de Edipo, atormentado al hombre que termina sacándose los ojos. Podemos decir que aquí el rol de la mujer, si pensamos remotamente, es el encargado de hacer explotar la historia. Sin embargo esta tragedia nos habla de la historia de ese hombre en particular.

Si avanzamos un poco en la historia de los grandes dramaturgos pasamos ahora al teatro clásico y vamos a Shakespeare, nos vemos envueltos en la misma problemática: Hamlet. Un rey atormentado por la figura de su padre y su tío, pero así mismo, enamorado de una mujer, Ofelia, quien dada su condición termina muerta. Igual suerte que corre la historia de Romeo y Julieta.

Si seguimos avanzando, nos encontramos al realismo: Arthur Miller y “La muerte de un viajante”, la historia de un hombre que se dedica a ser vendedor viajero, un padre de familia con una esposa, una amante y dos hijos. A pesar de que en la historia la madre juega un papel fundamental, el autor sólo nos muestra a las aventuras de “Willy Loman” (protagonista de la obra) y poco sabemos de las mujeres que son parte de esta historia.

Hasta aquí con estos tres ejemplos, pareciera ser un fenómeno natural, no digamos que nadie escribió de mujeres, pues de los mismos autores podemos encontrar “Antígona” (hija de Edipo rey) o “Las brujas de Salem”, historias que hablan de mujeres, o la poderosa obra se Strindberg “Casa de muñecas”.  Sin embargo, narraciones como éstas en relación a las historias que protagonizan los hombres son proporcionalmente pocas.

Estamos en un momento histórico de lucha por la igualdad de géneros, un momento en que logramos cuestionarnos si estos fenómenos son normales, comunes o si es parte del machismo que nos caracteriza como sociedad, pero que se quiere combatir.

En relación al número de mujeres y hombres que se dedican a ciertos trabajos, podemos decir que es un fenómeno que también ocurre en las artes escénicas: existen más dramaturgos que dramaturgas, directores que directoras, profesores que profesoras, etc. Pero, existen más actrices que actores. Esto levanta una nueva pregunta: ¿Hablamos de un problema de competencia o simplemente de discriminación de género?

(Imagen tomada del estudio “El género en la escena: relaciones en la práctica laboral del teatro en Chile”.)

Indudablemente el rol de la mujer está tomando poder en todo sus sentidos, y en el teatro se ven distintas obras combatiendo este lugar: por ejemplo,  “Antígona” del colectivo CTM, escrita por María José Pizarro y encarnada por Macarena Fuentes, muestra las distintas caras de una mujer maltratada. La obra se divide en capítulos y hace referencia a “Otelo” escrita por Shakespeare en 1603, donde originalmente Desdémona es la esposa de Otelo. La mujer maltratada, esta nueva voz que permite traer a un mundo contemporáneo una historia que se repite a lo largo de los años y las generaciones y que funciona como un acto resistencia frente a las narraciones que hemos escuchado a lo largo del tiempo.

(Macarena Fuentes en Desdémona)

Por otro lado, la obra “Hilda Peña” escrita por Isidora Stevenson, dirigida por Aliocha De La Sotta y protagonizada por Paula Zúñiga, trae consigo la muerte de tres jóvenes del movimiento juvenil Lautaro, pero la vida de Hilda Peña radica en la madre de uno de los jóvenes muertos y como ella sobrellevó la muerte de su hijo. Una narración que obedece a la historia de la madre y las consecuencias de vivir la muerte de un hijo. Por tanto la trama se enfoca en esa madre, en esa particular mujer de nombre Hilda Peña, caso real.

(Paula Zúñiga en Hilda Peña)

Cito estas obras para hacer hincapié en el hecho de que toda la lucha de la mujer se ve reflejada en los dos monólogos que acabo de citar. Hay muchas más, obras que hablan de la mujeres a lo largo de la historia, pero actualmente desde una operación autónoma, se ve reflejada esta inquietud de las autoras por hacer visible la voz de las mujeres que han sido calladas durante el largo tiempo de la humanidad.

Existe actualmente un festival de dramaturgia para la mujer de nombre “Lápiz de mina”, el cual exhibe como lecturas dramatizadas, textos femeninos. La convocatoria es muy fuerte y se reciben muchos escritos, lo cual prueba que el problema de la cantidad de mujeres que nos resuenan en el teatro, no va apoyado de un problema autoral, pues sí que existen muchísimas escritoras.

El teatro es un arte que va  respondiendo a su contexto, a las necesidades de los autores, autoras, creadores y creadoras. Y este es un momento en que claramente la lucha por la igualdad de género, se lleva a las tablas y logra dar con potentes mensajes o reflexiones en torno a cuán importante es hacer existir las temáticas que nos desbordan como sociedad.