Voltaire
Siempre es sano  leer a un autor clásico como Voltaire, más aún cuando se trata de una obra cumbre de la historiografía, como es “El siglo de Luis XIV”.

Inicié esta lectura sabiendo que el libro tiene más de 250 años, pero lejos de eso Voltaire me comenzó a sorprender. Reflexiones agudas, lenguaje directo, espíritu de detective: el autor rápidamente se sacudió del polvo y los años, para presentarse, como un escritor moderno y contemporáneo.
 
Es curioso observar que estamos frente al mismo Voltaire poeta, literato y filósofo, porque el Voltaire historiador no da tregua ni confunde los géneros, sabe de qué se trata la historia y entiende cómo abordarla. Él mismo abandona los trabajos inmensos e irrelevantes, sabe que se necesita una visión orientadora que guía a toda la obra. Así postula: “no todo lo acontecido merece ser escrito. En esta historia me interesaré sólo por lo que merece la atención de todos los tiempos, que puede pintar el genio y las costumbres de los hombres, servir de ejemplo y fomentar el amor a la virtud, a las artes y a la patria.”
 
 El autor sabe que no sirven los libros infinitos, y también sabe que no se puede apoyar en todas las fuentes, porque en ellas hay realidades, pero también, muchos mitos y falsedades. En ese sentido, y pese a haber escrito obras de literatura, entiende que la historia tiene que ser veraz y él mismo lo señala: “aquí no está permitido imitar a Plutarco y todavía menos a Procopio. Admitimos como verdades históricas sólo las que están garantizadas.”  No solamente es una declaración de principios, sino que entiende que existe un método. Debe averiguarse las fuentes, contrastarlas, asegurarse de que sean verídicas y sólo una vez inspeccionadas, recién ahí se pueden tomar y ocupar en el relato. 
 
Con la lejanía de los siglos, puede parecernos algo contradictoria esta visión de la historia. En un mundo que se siente postmoderno, que entiende todo como meras hipótesis, por momentos se ha alejado esta vocación de verdad que tenía la disciplina en el siglo XVII. Hoy tenemos historiadores oficiales, historiadores de izquierdas y derechas, historiadores acomodados. Por momentos vemos con tristeza que la historia dejó de ser una garantía de veracidad y pasó a perderse en el discurso de las ambigüedades. Ahora no se trata de restablecer verdades, porque sabemos que no existen, pero si se trata de mantener una vocación de investigación, una mirada indagatoria, reveladora, que despeje los mitos y busque la verdad, aunque sepamos de ante mano que ésta no existe. Sólo así la historia entregará obras de calidad y útiles para la disciplina y la sociedad.
 
El siglo de Luis XIV es una obra grande en calidad y también en páginas. Por momentos se trata de un verdadero desafío leerla y mantener la lectura. Está llena de datos sobre la política europea, sobre las batallas y las guerras. Pero estos acontecimientos no deben hacer perder el genio de Voltaire,  tras estos datos tenemos una obra que entiende la importancia de la secularización para desmitificar los acontecimientos, de las ciencias para el desarrollo, del progreso como un avance continuo, en definitiva, se nos desvela su mirada ilustrada.

Nos impacta que aún hoy, la obra de Voltaire siga desvelando y desnudando la figura de Luis XIV, ¿cuánta fantasía hay en el Rey Sol? Pasaron 250 años y todavía, lo seguimos viendo  como el despiadado, engreído y autoritario monarca que buscó rivalizar con el mismo Dios. El frío y meticuloso análisis de Voltaire apuntó a ir disipando los mitos y leyendas que rodean al gran rey, para mostrarnos un Luis sagaz y astuto que disfrutaba de lujos, pero sin perder su vocación de gobernante de la Nación y de su pueblo.  Voltaire, reconocido filósofo democrático, declara su admiración al gran rey, admiración que iba de la mano del desarrollo económico, científico, artístico y cultural que había alcanzado Francia. Nuestro autor, afirmaba que el desarrollo siempre debía ser integral: economía, cultura y política, debían crecer juntas, nunca separadas.
 
Si se toma como una fuente de histórica es un libro increíble, porque nos entrega abundante información y análisis de  la política, la cultura, las costumbres, la sociedad, las mujeres, la corte, las guerras, la economía, la educación y en definitiva cualquier aspecto de la sociedad francesa del siglo XVII.
Pero finalmente y quizás lo más paradigmático de su obra, es observar que el mismo Voltaire-sin saberlo él- va desvelando algunas causas de una Revolución Francesa que no alcanzó a mirar. ¿Cómo una nación que tuvo un despegue económico y cultural nunca antes visto, termina destruyendo su corona y establece las nuevas bases políticas de Occidente? Estamos frente a una obra increíble y que se vuelve aún más interesante a medida que uno va preguntando, más que esperando respuestas.